viernes, octubre 10, 2008

Lágrimas de Cristal


-No puede ser.
Se dijo al ver lo que le rodeaba, todo era caos y destruccion, desorden y dolor cubrian todo su mundo, cada rincón de aquel pequeño país se vió desolado por la dureza y la frialdad de la guerra.
Buscó a su familia desesperadamente, pero no los logró encontrar, escuadriñó cada punto detenidamente pero, no consiguió nada en absoluto, era obvio que estaba sola en aquel lugar, mas aún así no se dio por vencida.
Salió de aquella especie de habitación hecha de un material transparente, parecido al cristal; una vez fuera miró atrás y divisó una figura ante ella, un ángel quizás, tenía las alas casi rotas y heridas en todos los rincones de su cuerpo. Sin más salió corriendo hacia ella y la cogió antes de que, vencida, cayera al suelo.
-¿Quién soys?
Le preguntó al ángel mirándola fijamente a los ojos.
-Soy la guardiana de tu familia, la que siempre se encargó de cuidaros, pero hoy os he fallado, no merezco denominarme ángel guardian cuando no supe defender a la familia que me fue encomendada.
Dijo la joven con lágrimas en los ojos.
-No digáis eso, siempre cuidó de nosotros y por nuestra culpa está malherida, al borde de la muerte, ¿qué puedo hacer por vos?
Le preguntó a la guardiana, ésta consiguió levantarse del suelo con ayuda de la chica y la miró directamente a los ojos.
-¿Serás capaz de cumplir tu misión Kristal?, la misión que se te encomendó al nacer y la que nunca te llamaron a asumir, la misión de sucederme en la cadena de ángeles guardianes, cadena que se está extinguiendo.
Kristal dibujó una pequeña sonrisa en su rostro y asintió.
-Quiero cumplir mi misión, acepto asumirla solo si usted será libre por ello.
Entonces el ángel puso sus manos sobre la cabeza de la joven y miró al cielo.
-Ángeles de la profecía os pido ayuda ahora, la misión ha de ser cumplida, ángeles de cristal, ángeles de la luz, del agua y del fuego, dadle fuerza ahora a la reina de las guardianas, la que sucederá la cadena de la luz contra la oscuridad de la ira y del rencor.
Al pronunciar aquellas palabras Kristal notó una gran presión que la hizo caer de rodillas al suelo, sentía arder sus ojos y su sangre hervía, casi podía notar un dolor punzante que la cubría por completo. De repente unas alas brotaron de su espalda y una luz blanca la rodeó, sentía que se elevaba en el aire. Instantes después puso de nuevo los pies en la tierra y volvió a mirar a su alrededor, nada había cambiado, pero, la guardiana había desaparecido, la buscó por todas partes y no la logró encontrar.
Pasadas unas horas decidió descanzar ya que estaba agotada, miró al cielo, y se extrañó por el color que tenía, tenía un tono rojizo.
Al rato se quedño profundamente dormida notando el suave y tibio aire rozando su cara.Al despertar se encontró en un lugar completamente distinto al que estuvo la noche anterior. Todo estaba cubierto de flores y árboles. Estaba confusa ¿cómo había llegado hasta allí?, se preguntaba una y otra vez.
De repente oyo una voz a sus espaldas.
-¿Ya te has despertado?
Dijo un joven sorprendiéndola por detrás lo que le hizo dar un salto.
-¿Qui...quién soys vos?
Le dijo al chico más confundida que antes.
-Tranquila, no te voy a hacer daño, te traje a este lugar porque sería peligroso para tí estar allí dormida.
Le dijo con una gran sonrisa a la chica, luego se acerco a ella y la cogió por la cintura haciéndola levantarse de golpe, manteniéndola frente a sí.
-Yo soy Kristal y vos sois...?
Le dijo bajando la mirada.
-Yo soy Shiro, encantado.
Le contestó sonriente, cogiéndola de la barbilla para encontrarse de frente con sus ojos. Se mantuvieron así, inmóviles, mirándose mutuamente durante unos instantes, cuando, de repente, el joven se acercó a Kristal y el besó dulcemente. El ángel sonrió y lo abrazó fuertemente.
-Encantada... Shiro...
Le dijo y le besó.

Más tarde decidieron ir al lago que se situaba en el interior del bosque. Al llegar miraron fascinados el esplendor de aquel paraje, las aguas cristalinas reflejaban todo a su alrededor. Kristal decidió darse un baño en aquellas aguas y el chico le dijo que el se quedaría fuera descansando.
Pasaron unas horas y la joven salió del agua, buscó con la mirada al joven y lo hayó dormido bajo la sombra de un árbol. La chica se tumbó bajo el sol y, al rato, quedó profundamente dormida.
De pronto oyó un extraño ruido y se levantó sobresaltada, miró hacia el lugar del que provenía y divisó una sombra que se acercaba al lugar en el que dormía Shiro; sin más se acercó sigilosamente a la sombra y buscó sin lograr hallar nada. Se dio la vuelta y miró al lugar en el que dormía el joven, seintió un escalofrío, cerró los ojos consiguendose concentrar, los volvió a abrir y vió un ente sobre el joven, que parecía no tener ninguna buena intención; sin más corrió hacia él y le empujó fuertemente, éste se avalanzó contra ella y le clavó su espada en el vientre; la joven se retorció de dolor y sus ojos se volvieron de fuego, poniéndo sus manos sobre el pecho del ente hizo que este se desintegrara dejando tras sí solo un rastro de polvo que el viento se llevó con él.
El joven despertó y la vió en el suelo, con una herida que sangraba en su vientre, cerró los ojos de rabia y consiguió recordar todo, ¡había dado su vida para salvarlo! Se arrodilló junto a ella y le susurró entre lágrimas:
-No te vayas sin mí.
El ángel tapó la boca del joven que un dedo y le contestó.
-Yo nunca me iré, siempre estaré a vuestro lado, cuando creais que estais solo mirad a vuestro alrededor, pensad en mí con el corazón y así lograreis verme entre las sombras.
Al decir esto un suspiro salió de sus labios, después cerró los ojos y de éstos salió una lágrima, que al rozar sus mejillas se convirtió en un solido cristal; el joven lo cogió y lo mantuvo entre sus manos.
-Os amo.
Le dijo a la joven; ésta sonrió y le dijo en un último susurro.
-Ese es mi corazón... es vuestro... ahora...
Dijo y sus ojos se cerraron lentamente, dejando de entrar luz en ellos.
Frente al joven se dibujó una silueta que le sonreía, era ella.
-Nunca me alejaré de vos, pero, ahora deveis seguir vuestro camino y yo el mío, nunca os olvidaré y siempre que me necesiteis allí estaré.
El joven esbozó una leve sonrisa y miró al horizonte, a la línea en la que ahora su amada se perdía como si fuera una mota más de polvo en el viento y susurró:
-Nunca te olvidaré.

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