viernes, noviembre 14, 2008

Baile de sombras...


Baile de sombras imposibles, desfile de sombras maléficas, imperceptibles...
Camino por las calles sola... no me importa el silencio ni la soledad que se desploma sobre ellas; es la noche, noche cerrada, noche fría...
Camino sin dar importancia a lo que hay a mi alrededor, cada calle, cada esquina, cada parque; todo es invisible, no veo más que un corredor oscuro y recto, mientras ando, ando, ando...
Siento como si pudiera traspasar todo, como si mi cuerpo se tratase de una fina capa de niebla o humo; traspasar las columnas, a las personas, los edificios, e incluso a ese coche que corre tanto hacia mi...
No lo traspasé... seguí caminando, a pesar de todo aún me queda un poco de cordura...

No hay luna, ni estrellas, el cielo es una manta oscura, no hay nadie en la calle, y si lo hay, no me he dado cuenta, como tampoco tuve en cuenta los tirones procedentes de mi perra que, algo desesperada, quiere correr y no puede...
“-No, no tengo frío, gracias...”
Esa señora parecía preocupada, aunque no entiendo de qué, ni siquiera me conoce... Que no lleve bufanda no es razón para que tenga frío...
O puede que sí, apenas hay seis grados, pero no siento frío alguno, ni un poco. Nada de frío, y eso que hace un rato estaba tiritando, pero no, ya no tengo frío...

Supongo que sé la razón; desde que estoy aquí dentro, en mi mundo, no siento frío ni calor. Aquí no hay luz, ni tampoco oscuridad, todo está sumido en brumas. Los espectros de mis sueños revolotean sin cesar, no dejan descansar a mis sentidos, que, continuamente, se quejan.
Solo yo veo en este lugar tenebroso, siempre sé dónde tengo que poner el pie ahora, y ahora, y ahora... pero nadie más, solo yo, únicamente yo, por algo soy su dueña, por eso soy la portadora de sus dudas y de su recorrido, al igual que de esos recuerdos... sí, esos tan difíciles de olvidar, y que, creyendo que ya se han marchado, siempre ahí quedan, encerrados en algún baúl escondido entre los recovecos de un corazón cansado e inerte...

Sin darme cuenta, estoy de nuevo frente a casa.

"-Qué rápido..."
Pienso y sigo andando. No estoy cansada, y ahí, dentro de esas cuatro paredes parezco un pájaro encerrado en una jaula de cemento e hierro.
Así que camino, camino, y sigo caminando, a oscuras, no me hace falta la luz, me adapto bien a esta oscuridad... sigo caminando... allí hay mucha gente, así que sigo por otro camino, y sigo caminando, caminando, hasta que...
-"¡Otra vez estoy aquí, joder!"

Finalmente, dándome por vencida, entro en el portal.
Todo está ocupado por las sombras... Bailan, susurran cosas en una lengua inventada que nadie parece escuchar, pero yo sí, aunque no las entiendo, pero me imagino que entonan una melodía que se acomode a su baile, a ese suave baile que me cautiva, mientras el silencio rebota en las paredes y se eleva hasta penetrar tras las puertas y ventanas de los pisos, sumidos en el descontrol, para, allí, desaparecer sin dejar rastro.

Entro en casa y cierro la puerta.

2 comentarios:

  1. verás como la soledad crónica morirá poco a poco

    lo que transmites, es especial, y lo sabes.

    muuuá

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  2. ah! si me necesitas yo puedo ayudarte a matarla

    y gracias por hacer esos comentarios tan increibles

    ResponderEliminar

Gracias por bucear en mis sueños.

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