viernes, marzo 20, 2009

Renacer


Salí sin abrigo al amparo de la noche...
Sin saber que debía ver algo para no caer, me abandoné a seguir mis pasos, a dónde estos me llevaran...
Pisada tras pisada...
Huella tras huella...
Sin miedo a tropezar con las preguntas que ignoré en mi camino para que no se me quitasen las ganas de seguir andando...
No supe sentir ni supe saber qué era lo importante, y por más que me arrepienta, sé que eso no cambiará nada...
Nada puede cambiar eso que yo una vez elegí hacer...

Paso tras paso...
Tras-pasé cada muro que creé en mi memoria, atrapada para siempre en un ayer que me hacía retroceder, que me hacía caer, más al fondo, más adentro... más y más vacío.
Sin más me alejé...
Salí de entre los gastados muros de mi fortaleza para decidir ser libre de mi misma, y de ese castillo en ruinas que permanecía oculto tras las tinieblas... tras las tinieblas que la soledad clava a la tierra impidiendo que salgan flores...
Los yertos jardines sembrados de lágrimas se despedían con tristeza, de la mustia reina de aquel paraje, tan invisible como inexistente; tan frágil como poderosa...

Una rosa... solo una rosa reposaba sobre mi frío pecho, tan oscura como la muerte y tan pura como la misma, ¿qué es la vida sin la muerte? Una condena no merecida...
Una rosa... solo una rosa me regalaba su perfume mientras deambulaba sin prisa por desiertos paisajes repletos de locuras, donde nada era perfecto y todo era real, donde torbellinos de mil colores se entremezclaban en formas sin ningún sentido... coloreando de maneras diferentes aquel extraño y fascinante lugar invertido...

Un nuevo perfume de mi trance, bruscamente, me sacó.
Inimaginable por mi oxidada mente resultaba aquella nueva brisa... llena de calma, llena de color, llena de brillo...
Aturdida por su belleza, retrocedí un paso, soltando, sin querer, la rosa que guardaba entre mis dedos...

Como un rayo de luz, al agacharme a recogerla, nuestras manos se rozaron.
Cálida era su piel, al menos, al contrastarla con la frialdad de la mía... Suave era su palpitar, acompasado, musical...
Como otro rayo de luz, mis ojos se encontraron con los suyos, tan profundos y expresivos que decían todo sin decir nada...
Me perdí antes de encontrarme.
No encontré el camino de vuelta, mas tampoco es que lo buscase, solo quería oír su lento inspirar... frente al algo más brusco expirar que se apreciaba, tal vez también él tuviese frío... tal vez también se sintiese solo, perdido... pero solo tal vez...

Le tendí la rosa y retrocedí otro paso, asustada por el calor que, lentamente subía desde mi pecho y se instalaba tras mis mejillas.
Un rubor.
Sin saber muy bien cómo, se acercó.
No estaba asustado, o, al menos, no lo parecía...
Le tendí la mano.
La agarró.
Supe entonces que había encontrado el camino.
Supe entonces que sería su sombra hasta que renunciase a mi presencia.
Supe entonces que había vuelto a nacer.

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