miércoles, abril 08, 2009

Déjame


Sostengo tus manos entre mis fríos dedos.
Sé que nada nunca será como yo quería que fuese...
Y aunque mire de arriba abajo a aquellas sensaciones que alguna vez creí poseer... sé que no pueden acordarse de mi... o, al menos, no tanto como yo de ellas.
Sobre todo en aquellos días de invierno en los que la lluvia empapaba las miradas y apagaba su brillo; esos días en los que nada era cierto y todo carecía de sentido racional; esos días tristes y monótonos en los que no podía oir más que el eco del silencio... ese que retumba en los oídos de la gente mientras que ésta habla para intentar callarle.
No pueden entender que el silencio no se extingue con palabras, que es tan etéreo como los sueños...

Déjame dormir, déjame soñar que puedo hacerlo; deja que me pierda en los colores de un arcoiris imaginado, mientras que nuevos acordes decoran las ilusiones que poco a poco van despertando...
Deja que encuentre sentido a lo que me están diciendo; deja que llore sin importarme que salpique...

Déjame ser libre.

Ya sé que no tengo alas... al menos no unas tangibles... ya sé que no soy un hada, ya sé que no soy perfecta...

Déjame ser yo.

Y... perderme de nuevo entre cendales de hermosas locuras y emociones que rocen el alma desnuda de ese rey que resulta ser sapo, que llora su pérdida de un reino que nunca existió más allá de la imaginación de un poeta muerto... Mientras que una chispa de alegría se asoma al borde de mis ojos...
Y llena lentamente los resquicios de mi yerto corazón, robándole esa dureza que impide que las lágrimas fluyan libremente y que se ría de ese loco y triste bufón que se esconde creyendo ser invisible a los ojos de la princesa; que se ha quedado muda, que se ha quedado ciega, que sólo piensa que en saltar dentro de su burbuja para que el mundo sea algo ajeno, que no lo sienta, que no le duela, que no le fascine...

Y yo hayarme aquí, sentada frente al abismo escondido tras mis ojos, esperando a que él venga y que juntos saltemos más allá de los sueños que no se realizan, más allá de la brisa, más allá de la razón.... donde lo único cierto es que estamos él y yo... como siempre quise que fuera, como siempre soñaré que sea... como no sé si será...

Al menos deja que me ilusione cada vez que imagine su rostro bañado por la luz de la luna...
Al menos deja que me quede cada noche tras su ventana, intentando coger una de esas estrellas que, a menudo solíamos ver, y velar su sueño de las pesadillas que puedan aparecer...

Déjame estar.
Déjame ser.

Uno de esos atardeceres que, al observar, te hacen recordar que todo eso que perdiste, puede volver a pasar...
Uno de esos amaneceres que, al sentir, te hacen sonreir pues volviste a despertar...
Una de esas margaritas que, al deshojar, hacen predicciones inútiles de un futuro próximo que deseas lograr...

Déjame escapar, a un lugar donde la fantasía que en mi imaginación siempre vive, pueda fluir y no desesperar... a ese pobre cerebro que desiste en el intento de dejar de soñar...

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