martes, abril 14, 2009

Lluvia


Gotas de lluvia se deslizan por mi rostro.
Pero no me importa.

El murmullo atronador de la ciudad quiebra mi silencio...
Pero no me importa.

Las nubes se desplazan por el cielo tiñiendo, a veces, su celeste intenso de un oscuro gris...
Pero no me importa...
Tú estás frente a mi, y las inquietudes desaparecen.
Tú estás frente a mi, y los golpes que recibo al tropezarme con cualquier cosa, no me duelen.
Nada más importa si eres tú el que camina frente a mi.
Nada me duele si estás tú frente a mi, mientras que la lluvia me empapa sin querer.

Sordo sonido emana de la garganta de la noche.
El sonido estremecedor del tic-tac de un reloj perdido en el interior de algún cajón de mi escritorio.
Indica que son las cuatro y que aún no me he dormido.
Pero no me importa.

Sé que cuando cierre los ojos soñaré contigo y que, cuando despierte, no desaparecerá esa visión.
Nada más me importa mientras que crea eso cierto.

El repiqueteo de la lluvia contra el cristal de mi ventana me distrae, haciéndome imaginar rayos largos y permanentes de mil colores fascinantes... me hace recordar un arcoiris de más de siete colores, que pinté hace ya tanto tiempo que olvidé el nombre del cuadro...

¡Ah, sí! Lluvia.
Lluvia de color, lluvia de ilusión, lluvia de rayos de sueños que dibujan en el alma del poeta un inmenso y brillante corazón; en cuyo centro, tu nombre se grabó...

Yo también estoicolgada... pero de vos...

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Gracias por bucear en mis sueños.

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