miércoles, abril 22, 2009

Párpados de plomo


Dormir...
Sin descansar.

No podía esperar al amanecer...
Me quemaba el pensar que pudiera volver a llover.
Mas no fue así.
El calor me golpeó en la cara en cuanto salí de aquella jaula maciza de ladrillos.
Dolor de espalda, de cabeza y de huesos de los cuales no conocía su existencia.
Rigidez de nuevo. Giros bruscos para poder mirar a todo el que me hablaba. Y más cansancio... mucho más que el día anterior.

Recordé, de pronto, que ya antes me había sentido de esta forma.
Recordé que, hace no mucho tiempo, mis párpados fueron de plomo y parecía portar una losa sobre mis hombros, caídos asimétricamente. Ya antes, varios días fueron así de pesados; cada vez que soy consciente de que estoy perdiendo algo inconscientemente y que no puedo remediarlo. Que no puedo hacer nada para que los pensamientos no me bombardeen con cavilaciones absurdas sin sentido ni fundamento.
Que no puedo hacer nada contra algo que desconozco.

Y mi desconocimiento me molesta a la vez que me asusta. Si no lo soluciono yo... ¿quién narices lo va a hacer?

No lo sé; pero, ahora mismo, tampoco es que me importe demasiado.

¿Pienso luego existo? ¿O, existo luego pienso?
¿Acaso es lo mismo? ¿O no tiene nada que ver?

Observo como nubes blancas y pequeñas se pasean lentamente por un cielo de un intenso azul celeste.
Antes me gustaban los días así; ahora ya, no me importan.
Por más que mire y absorba la primavera, no me llena tanto como antaño...
Tal vez sea porque, entonces, no había tanto por lo que preocuparse... o tal vez porque, ahora, eso dejó de ser importante para mí.

Ya no me despierto para ver cómo el sol sale de detrás de las montañas. Ahora simplemente me despierto para ver qué tal has dormido... el temor acude a mi los días de lluvia; no vaya a ser que cojas un resfriado...

Sin embargo... los días pasan y mi interior sigue en un continuo cambio que no me deja pegar ojo.
Resulta fascinante ver cómo te has adueñado tan rápido de mi escueto universo, que ahora está lleno, en gran medida, por el brillo de tu sonrisa.
Yo mientras, me descubro, mirando como, poco a poco, se marchita aquella rosa a la cual arranqué las espinas.
Ya no recuerdo el escozor que éstas produjeron en mis manos al clavárseme como agujas de cristal...
Me pregunto, de repente, si no será que la vida, de nuevo, me la está jugando... si, tal vez, esto no sea más que otra trampa...

Desecho las ganas de gritar que me embargan al suponerlo.

Por ahora, prefiero imaginar, soñar... con que nunca volverá la tempestad, con que siempre el brillo de tus sonrisas no me dejarán de nuevo en medio de la oscuridad...

Al menos así, puedo levantarme a pesar de que mis párpados pesen una tonelada.

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Gracias por bucear en mis sueños.

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