martes, enero 05, 2010

Extraño

Entraba en casa a hurtadillas. Eran más de las dos de la mañana. La lluvia seguía aporreando los cristales sin piedad, sobresaltándome de vez en cuando.

Todo estaba en tinieblas y un lejano ronquido me indicó que hacía rato que se habían acostado. Sin dar las buenas noches, como siempre.
La cafetera seguía caliente, así que opté por un café con leche y me senté en el sillón. A esas horas no habría nada en la tele, excepto la tele-tienda o los juegos de "acierta y gana", así que le di al PLAY. El DVD ronroneó un momento, para luego indicar que no había disco.
Resoplé y me agaché ante el estante de las pelis. Era tarde, y tenía los sentimientos a flor de piel, así que decidí poner Orgullo y Prejuicio y me tapé con una manta.


A eso de las tres, un ruido en el pasillo me hizo levantarme. Me había quedado adormilada, así que no vi nada y cerré la puerta.
Al sentarme, el gato se había enroscado en mi asiento. Lo cogí y me lo puse encima.
Me sumergí en un sueño ligero, donde nada parecía tener sentido.
Un fuerte dolor de cabeza me golpeó de pronto, pero no abrí los ojos...

>> Corría por una pradera de color burdeos, con el sol dándome en la cara implacablemente. No había flores, sólo hierba de aquel color tan inusual. Sabía que era un sueño porque parecía volar sobre los pequeños árboles que se esparcían por el lugar de forma intermitente. Sabía que era un sueño porque no sentía más que felicidad...
De pronto, el sol se puso y la oscuridad se cernió sobre mi en un abrir y cerrar de ojos. La luz de la luna parecía titubear sobre mi piel, lo que me hizo descubrir, con espanto, que estaba desapareciendo.
Ahogué un grito y eché a correr, hasta que vi, aterrada, que podía ver la hierba pero no a mis pies.
Me detuve y eché un vistazo a la pradera. Era totalmente distinta a antes. No era hermosa. Bajo la luz blanca de la luna parecían llamas que querían abrasarme...
Un olor a quemado me hizo gritar de nuevo. Lo estaba haciendo. Me estaba quemando...

Apreté los ojos con fuerza y, al abrirlos, estaba sobre una nube. La ciudad de Tokio se extendía bajo mis pies. Sonreí y miré a mi derecha. Un chico estaba sentado unos metros más allá, sobre otra nube. Escudriñé su rostro. Tenía dibujada una sonrisa enorme, como la mía.
Le llamé, pero ningún sonido salió por entre mis labios. Con sorpresa, me llevé la mano a la boca... ¡Y no estaba allí!
Busqué al chico aterrorizada, pero se había levantado y, poniéndose la capucha negra de su chaqueta, se alejaba de mi a paso firme.

Salté de la nube y, cuando supe que iba a morir, unas manos me sostuvieron.
Alcé la vista. Era el desconocido de la capucha... Pero no tenía rostro... ¡Nadie había allí!

Desesperada, me enrosqué en el suelo con las rodillas sobre el estómago. Ya no sentía felicidad. Estaba sola en un mundo abstracto y adverso. En un mundo cruel, peligroso y ruin. En un mundo traicionero... ¡Y no había nadie a quien acudir!
Forcejeé con todas las emociones que me asaltaron en un bombardeo interminable... Dolor... Tristeza... Amargura... Frustración... Desesperanza... Incredulidad... Resignación... Más dolor...

Pero, en cuanto cerré los ojos preparada para rendirme, unos brazos me rodearon con fuerza... Abrí los ojos... <<

Y desperté. El gato estaba maullando. Eran las nueve de la mañana.
- Que sueño más extraño...
Estuve toda la mañana con una extraña sensación en el cuerpo.


Salimos de casa a comprar sobre las doce.
Tras horas interminables de colas, regresamos al coche cargadas de bolsas del Carrefour.
De pronto, un desconocido con una capucha negra alzó la mano y me saludó. Sentí un escalofrío.
- ¿Quién es?- preguntó mi madre mirando al chico que se alejaba por el puente.
- Nadie... Un extraño...- respondí encogiendo los hombros.


Esa misma noche, volví a soñar con vos, pero esta vez podía vernos, sentados juntos sobre una nube en una lejana galaxia. Contemplabais las estrellas y yo, mientras, contemplaba la estrella más hermosa jamás vista: la luz que salía de vuestro interior.


Fue extraño... Pero sentí... Temor.

2 comentarios:

  1. Quizá ese temor sea el que las personas intuitivas sienten al enamorarse de alguien o algo tan subrealista en algún sentido que sea difícil creer su existencia.
    Yo pienso que esa personita debería intentar mantener la cordura hasta que el corazón tome las riendas, nunca regalar todo el control al corazón, pues puede llegar a ser el mejor amigo de la locura.
    Pero como mucha gente afirma, entre ellos yo, todos estamos más o menos locos, tan sólo procuremos no sufrir.
    ¡Un beso!^^

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Gracias por bucear en mis sueños.

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