sábado, enero 23, 2010

Fúr immer Jetzt

Hace frío. Me tiemblan las manos. Los párpados me pesan. Los sonidos no son procesados por mi cerebro.
¿Qué? ¿Cómo dices?

Nada... No dije nada...
Son las 4:02 de la mañana, y aún no he logrado dormirme. Tampoco dejar de pensar. En su recuerdo. Que ahora me estorba. Me araña. Me dueles más de lo que piensas y de lo que te diré.
Pero no importa. Me gusta tenerlo abrazado, que no me deje dormir, que me muerda el corazón desde dentro. Es una extraña sensación. Pero no tengo otra. No me queda otra.

 Puede que, si no logro hallar una solución para esto, deba recurrir a la calculadora. Aunque te gusten más a ti los Números que a mi.
Pese a que todo sean números.
Matemáticamente, la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado (según Einstein). Entonces, si yo no puedo ir a la velocidad de la luz, mucha energía no debo de tener, sobre todo si ni siquiera puedo perseguirte siempre pese a que tú tampoco alcances esa velocidad.

Y es que, todo es muy extraño y complejo... pero solamente a mí el ser extraña me produce el dolor de la soledad. Frustrante, cierto, pero al menos me hizo encontrarte.
O perderte, según como se vea.


Siguiente página. Un día nuevo. Lluvioso. Aire gélido.
No importa mucho, sólo es uno más.
O uno menos.


No me disgusta la lluvia. Mientras que la gente corre, yo paseo bajo la luz tenue de las farolas.
Parecen susurrar que están cansadas de pasarse años ahí plantadas.
Las entiendo bien. No recuerdo cuanto tiempo llevo estancada en esta extraña sensación que me atemoriza a más no poder.
¿Acaso ya no soy tan lógica como antes? ¿Dejé, definitivamente, de ser yo?

Es cierto que tu presencia me cambió... pero no logro dilucidar de qué forma.
A veces buena, a veces mala.
A veces, no sé si sólo me lo he imaginado. Es evidente que no soy lo que podrías esperar, sólo que no consigues darte cuenta.
O no deseas hacerlo.                                                    Darte cuenta de que no soy más que una presencia estúpida. Una imagen borrosa, intermitente. Un algo sin sentido.
Me dolería demasiado, incluso más que las distancias que se abren y se cierran entre nosotros.

A cada instante, noto cómo la ansiedad poco a poco va creciendo.
Mi interior es un completo caos. El vacío llena todo siempre que te marchas.
Otro segundo eterno dentro de mi espejo.
Perdido en medio de esta tempestad de brumas y sinsabores. De dudas que no puedo aclarar.
Me perturba esta sinrazón que me rodea la mayor parte del tiempo. Que impera en mi particular y escueto mundo.
Minúsculo. Justo como yo en el real.
Una mota de polvo más.
Porque tú imperas el mío.

No sé qué más hacer.
Vago sin saber por donde ir dentro de ti. No sé donde me tienes escondida...



En aquella caja de cristal gris, el tiempo parecía no importar.
Se había quedado petrificado para siempre...
Ahora.


Ya son las 5:30... y aún no me he quedado dormida...

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