domingo, enero 03, 2010

Tocada y hundida**

Fingí una sonrisa imperceptible en el justo momento en que daba la vuelta para irme, de regreso, a mi ¿mundo?
Un regreso que ya esperaba desde hacía un tiempo, pero que rogaba llegara más tarde...
Hoy la inmensidad parece estar más profunda que antes. Hoy no me impiden el paso esos recuerdos fugaces de un tiempo que supuse mejor...
¿Mejor que qué?

Mírate, ¡estás horrible!
Oh... ¿no me digas?, ¡¿enserio?!

Retrocedo intimidada ante mi propia imagen. Me duele la cabeza. Me duele el pecho. Me duele todo lo que tengo en el cuerpo que pueda doler. Me duele hasta la última fibra sensible de mi alma.
Pero mis ojos siguen secos, como los de una estatua de mármol gris a la que alguien quitó la vida y la alegría de un plumazo.
Pero continúo mirando la superficie del fino espejo que me separa de mi, con una sonrisa irónica. El dolor aumenta por momentos. Igual que el frío.

Eres una estúpida...
Ya... ya lo sabía.

Avanzo a paso lento entre las luces que precipitan hasta caerse y fundirse con la más profunda de las oscuridades. Y me siento vacía. El agudo dolor que me gobierna me hace gemir sin emitir sonido alguno.
Aprieto los ojos con fuerza para despertar de esta pesadilla.
Los abro y es un día como otro cualquiera. El cielo gris. La tormenta se respira.
Me acurruco bajo las sábanas y unos brazos me rodean.
Me doy la vuelta para mirarte. Tu pelo oscuro, tus ojos marrones, tu bella sonrisa...
Me acerco a tus labios para depositar un único y dulce beso...
Entonces la imagen se invierte, y no hay nadie junto a mi.
Me aferro desesperadamente a la idea de que sí que lo estás, sólo que un extraño conjuro me impide verte...

¡Otra vez soñando...! No tienes remedio.
¡Vaya! Es cierto. No tengo remedio. Ni motivos. Ni visión. Ni tacto.

Mis sentidos están embotados, como mi cerebro. Puede que no funcione. Puede que sea una cabeza de chorlito. Puede que nada sea real y yo solamente esté loca. Total y profundamente loca. Debo de estarlo. ¡Ojalá lo estuviera! Así nada sería real. Ni el dolor que me provoca mi corazón cada vez que una pieza se le desgaja.
La recojo cuidadosamente con ojos escépticos. Sabiendo a todo pronóstico que alejarme me ahría eso, ¡sigo haciéndolo!
Porque no valgo nada. Porque mereces algo mejor. Porque mis palabras se las lleva el viento... ¡Porque ya ni siquiera sé hablar!
Sin orden ni concierto, todo se va deshaciendo ante mis ojos, como la niebla en un amanecer de verano ante el mar.
Aguzo la vista para intentar distinguirte. Pero las tinieblas me arrastran hacia ningún sitio.

No puedes vencerme...

Canturrea una voz a mi espalda. Me volteo y me miro a los ojos directamente.

No puedes... No puedes... No puedes...
¡Deja de repetirlo! Ya lo sé...

Siempre lo he sabido y, aún así, pataleo en contra del aire gélido que me mantiene pegada a este asiento.
Mentiría si dejese que no te recuerdo. Mentiría si dijese que dejé de llorar. Mentiría si dijese que puedo entenderlo. Mentiría si dijese que no quiero volver...
Mentiría si dijese que me gusta observarte de lejos...
Mentiría si admitiese que puedo vivir sin tus palabras... Aunque el viento se las lleve. Aunque un muro impida que lleguen claras y concisas. Aunque no sepa entenderlas. Aunque tema su significado... Aunque te tema a ti casi tanto como a mi...

No me quieres...
¡No! En absoluto. ¿Cómo podría querer al motivo que me impide sonreir?
Pero... yo soy tú. Tú eres yo... ¿Por qué no me quieres abrazar y que podamos resurgir?
Porque en tu alma... ¡en la mia! residen todos los miedos que tanto quisiera ocultar. ¡Todos esos recuerdos que me impiden ver una luz por tenue que sea! ¡Porque hace frío aquí!

Se deforma mi reflejo y un pequeño ángel de sonrisa alegre me mira con fijeza. Sus alas caen a ambos lados blancas como la nieve.
Sé quién es. Pero no logro reconocerle. Mi memoria le llevó en condena hasta lo más hondo de mi misma.
Y vuelvo a aparecer. Con mis ojos apagados y mi lacónica sonrisa. Con mi dolor. Con la tristeza y melancolía que siempre me acompañan...

Y tú... TÚ y la ternura que desprendes, aferradas a mi corazón.

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