viernes, febrero 26, 2010

Misterio

El aire que escapa de entre tus labios.
Cálido.
Lejano.
Como la sombra de mis recuerdos.
Que me convencen de que no estás...

Aquí. Cuando la noche cae y las estrellas se han fundido.
Su luz fría, se apaga en mis noches...
De invierno. Grises, los días, se agrietan...
Como las hojas en el otoño más tenebroso de todos...
Chasquean al pisarlas por las calles...
Y se mezclan con el aire y el polvo que rodea esas cabezas...
Huecas, como la insistente voz que anuncia su llegada.

La lluvia aparece y las calles se visten de color.
Paragüas abiertos y corazones cerrados.
Ojos gritando. Sus gritos se pierden en el vacío.
Suspendido entre nosotros cuando no nos miramos.

Y calla el ruiseñor que bañaba de canto mi balcón en primavera.
Se marchó buscando un lugar donde ser...
Si no más feliz, al menos lo intentará...
Tal y como yo no hago.
Desde que estás.
Dentro-de-algún-lugar-de-mi-estrecho-interior.
Mezclándote con la negrura de mis noches en vela...
Horas muertas que no volverán,
habiendo sido perdidas irremediablemente...

Inexorablemente se extinguen, los minutos del reloj.
Contando los pasos que me quedan para volver a verte,
sentado en tu regazo, viendo los días pasar.

Se esconde en tu sonrisa cuando te veo caminar,
en dirección contraria a la que dicta mi razón.
Siempre pendiente del aire para que el barco no naufrague...
en las aguas de la confusión todo es magia y palabras encantadas
que reprochan que no saben saber ser más que eso.
Y nadie nunca lo sabrá pues se pierden en los delirios
de un joven y alocado corazón,
que pese al daño sigue marcando los latidos...
Al compás de una melodía antes ya escuchada por muchos.
Pero ninguna como la nuestra.


¿Verdad?

Suavemente se balancea en las páginas de un sueño lejano.
Perdido.
Distorsionado.
Con las páginas arrancadas y otras tachadas con colores oscuros.
Manchas en el rostro inmaculado de la esperanza...
Suspiros que se entremezclan y se hacen uno.

Una vez más...
Me rindo ante la gravedad de la situación.
Que ya no sé qué sentir cuando cierro los ojos y puedo sentir cómo te acercas...
Y se me corta la respiración.
Y se me forma un nudo en la garganta.
Y, resignada, espero tu regreso...
Necesitando cada vez más corta la demora...
De tu paseo nocturno por mis acuarelas...


Que reflejan en el azul zafiro del mar el misterio que tu presencia anuncia.

Sin que apenas sea yo consciente de ello...


Hasta que ya es demasiado tarde para reconocerlo.

Y en cada mota de polvo se extingue...


La máscara que antes me ocultaba

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