domingo, febrero 14, 2010

San Valentín

Hermosa la capacidad que tienes para hacerme perder los estribos... o más bien nunca encontrarlos.
Porque siguen persiguiéndote, como embelesados por tu grandeza...

Destrozándome.
Pero que no te importe.

Me persigues. Me arrastras hacia el abismo de forma brusca y precipitada. Me asaltas y llenas de dudas para dejarme tirada en el suelo, vacía de sentimientos agradables…
Y cuando ya no me queda nada, me persigues hasta que logras hacerme sonreír. Enredándome sin descanso en tu torrente de emociones desenfrenadas, sin sentido. Intentas que yo se lo de… pero no percibo luz en medio del caos que me trae tu presencia, Sólo soledad e incertidumbre… Porque nunca sé en qué preciso instante saldrás corriendo hacia el precipicio, para que no pueda ver cómo alzas el vuelo y me dejas desesperada en medio de las tierras áridas y confusas de tu indecisión.

Juegas a saber a qué jugar.

Aunque sé que no te das cuenta.


Una rosa nueva. Una palabra vieja. Frases hechas que estoy cansada de oír…



Te quiero…



Para mi ya no tiene ningún valor especial… puede que lo digas por decir.
O puede que lo digas para callarme.
Espinas en las rosas que me he comprado a mi misma.
Porque sé que soy imbécil...


Ven aquí nena te voy a hacer sentir especial.


Y encima, me lo creo.
Aún siendo una inexperta, sigo sintiendo que adorar es fácil.


Oh, ¿sí? Felicidades.

Pero me sigo sintiendo igual.
Sigo siendo minúscula.
Sigo corriendo a tu encuentro...
Sigo tirándome a tus brazos en cuanto tengo oportunidad.

Tranquilo, sólo estoy enamorada de ti...
Ya veo que no te gusta...


Pues nada "princesa" jó-de-te, y que te vaya muy bien...

Tal vez eso me dolería menos que el frío cristal que me impide volar a tu corazón...

(aunque puede que este esté igual de frío...)

O más, así como el mio.



Buenas noches y buena suerte. Que te regalen mil rosas por San Valentín
y ojalá que te pinches con todas ellas, para aprender la lección...









No te preocupes Montse...
Ya te has acostumbrado a estar sola...


Mientras que mi fugitivo corazón reposa partido en mil pedacitos enanos (acorde a su dueña)
en el bolsillo trasero de tu pantalón favorito...




Y mientras te imagino...




Me voy apagando...


Como la vela que incendió mi palacio de hielo.

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