sábado, marzo 20, 2010

Fin del Juego

Ayer la vi. Tenía el semblante serio y el gesto afligido.


Primer Intento.

Despierta. Son las siete de la mañana. El sonido de la alarma consiguió sacarla del sueño en que yacía prisionera. Primer día de clase después de Año Nuevo. Pilas cargadas y dispuesta a comerse el mundo, o a intentarlo, otra vez.

Todo sería como un mal recuerdo, se dijo, aunque sin demasiada convicción


Bajó las escaleras de dos en dos, las manos en los bolsillos y el corazón en un puño. Allí estaba. Delante de la puerta de su bloque, el número 7 de aquella angosta calle de los alrededores de Madrid.
La nieve cubría las aceras… y el fuego palpitaba en su interior.
Sus dedos estaban de nuevo entrelazados, después de mucho tiempo.
Una sonrisa triunfante se había dibujado en su grácil rostro. Una sonrisa de felicidad. Una sonrisa que se reflejaba en su mirada penetrante.



Miradas lascivas sobrevolaban su habitación pintada de azul aquella tarde de enero.


Era fácil imaginárselo, pero no tanto llevarlo a la práctica. Eso requería un mayor esfuerzo. Esfuerzo que no estaba segura de poder realizar.
Pero no lo dijo. Puede que por miedo. Puede que por vergüenza. O una mezcla de las dos.
Sólo cuando acabaron supo que lo había hecho mal.



Pero qué dices, ¿es que acaso no confías en mi?
Sí...
Entonces, ¿seguimos?


¿Me estás escuchando? ¿Este codo es tuyo?




Segundo Intento

Despierta. Son las ocho de la mañana. Te has quedado dormida, sumergida en un mundo extraño y totalmente irreal.
La alarma no había conseguido sacarla de su ensimismamiento. Ni siquiera cuando bajó las escaleras y salió a la calle y se dio cuenta de que no estaba allí.
Era Martes. Segundo día de clase después de Año Nuevo. Las ganas habían abandonado parcialmente su cuerpo… Pero regresaron en el recreo, cuando lo vio sentado en el banco del patio. El banco que un día compartieron para darse su primer beso…

Desde entonces todo se había ido precipitando. Debía crecer casi seis años de golpe, y sin caerse, que era lo más difícil. Mantener el equilibrio dentro de aquel torrente de emociones desenfrenadas que intentaba disimular.

Y a veces no lo lograba del todo.
Seguía enfadado.

Suspensa en
La Primera Vez es la más bonita.

Acordaron volver a intentarlo.

¿Cuándo estés preparada?

Las mariposas volvían a revolotear por sus estómagos. Sonrisas pícaras rescatadas de un contenedor de emociones de papel.
Volvía a contar los granos de arena que faltaban para darle la vuelta al reloj.
Y caminar a su encuentro. Desesperada por…

Abrázame y dime que no me soltarás nunca.


Algunos besos más, y sus miradas seguían entrelazándose, sin ninguna explicación coherente. Suspiros que se entremezclan y se hacen uno.
Porque el amor no tiene ningún sentido, aunque de eso se dio cuenta más tarde…


Más vale tarde que nunca. Pensó tras un gran esfuerzo por encontrar las palabras adecuadas. No sabía cómo sentirse. No sabía qué sentir.

Las sonrisas se apagaron y el vuelo de las mariposas se le atragantó.


Tercer Intento

Despierta. Son las… de la mañana, aunque no sepas si estás despierta o dormida.

Agachó la cabeza y la escondió entre las páginas de su cuento incompleto. Y se envolvió entre sus lágrimas que, pintadas de delirios, sollozaban y se mezclaban con la atmósfera pesada que rodeaba su habitación, cuyas paredes parecían oscurecerse por momentos.

Sus sueños se fueron alejando, y en su débil crepitar susurraba el viento, incomprensibles palabras cargadas de sentimientos que ya no serían…
Que ya nunca habrían sido.

Imágenes la abordaban mientras permanecía maniatada a ese estacionario estado de ánimo. Desilusión.
Aferrada a su joven y alocado corazón, que pese al daño seguía marcando los latidos… Al compás de una melodía antes escuchada por muchos…
Pero ninguna es como la nuestra, ¿verdad?

Prometió mientras que las hojas secas crujían bajo sus pies, en el otoño más cálido que jamás recordaría.


Ahora, grises, los días se iban agrietando hasta desvanecerse por completo.

La noche caía y las estrellas ya no brillaban en su balcón; se fundieron en el preciso instante en que todo pasó a ser un simple recuerdo más…


Cuarto Intento
Despierta. Son las dos de la mañana. El insomnio vuelve a acompañarte.
Una lágrima de piedra se deslizaba por su mejilla. Solitaria.
Una vez se estremeció y fue mentira.
Pasaba las tardes en blanco y las noches en vela.
Un pétalo de rosa descansaba sobre su regazo. Los brazos caídos a los lados. Frágiles. Sin vida.

Y gritó en silencio mirando a la pared que la separaba del tiempo. Porque allí dentro no corría, sólo paseaba. Y gota a gota, se agotaba su paciencia. Tenía ganas de echar a correr. Ganas de saltar. Ganas de gritar.


Llegó la primavera y las flores nacieron, tan bellas como siempre. El olor a calles mojadas; el sonido de una cafetera insomne; el resbalar de las gotas de lluvia en la ventana.
Las farolas iluminaban las copas de los árboles, aún descoloridos.

Había comprendido que, en la realidad, no valen los cuentos de hadas. Que en ella o luchas o te pierdes sin sentido.
Y ya no sabía quién era. Ni quién quería ser.

Una vela que poco a poco se apaga.
Una canción que nunca termina.
Una tormenta que se avecina.
Las ganas de salir corriendo en busca de sí misma.
Las brumas aguardando en las esquinas, donde el silencio de la madrugada se apodera de ellas.


Sin embargo, aquellos ojos ya no estaban grabados en los suyos, aquella dulce voz había enmudecido en sus recuerdos.
No se reflejaba ya su llanto en ese azul de la acuarela. Sobre el tapiz aullaban las palabras, esperando ser recogidas.
La lógica terminó de hacer trizas su corazón. Asumió que los sueños son aire perfumado, que te embriagan sin saber por qué ni cómo y, luego, se marchan sin motivo. Que a los quince años ningún corazón permanece intacto.

No eres tú, soy yo…

Repetía con insistencia una voz en su cabeza, llevándola hasta la casi desesperación.
Prométemelo.
Prométeme que nada muere para siempre.



Quinto Intento
Se levantó de la cama. No podía dormir.
Rayos de luz incidían en su ventana al amanecer. Seguía teniendo frío.

Bajó las escaleras en silencio.

Terminó de madurar mientras se acababa las galletas.

Su hermana la miraba desde el otro lado de la mesa. En sus ojos se dibujó una duda…
¿Qué le pasa a la hermanita mamá?, ¿está enferma?
Nada, hija. Lo que tu hermana tiene se llama Adolescencia.
Ah… Asintió con el ceño fruncido, entendiendo. ¿Y eso se cura?

Cerró la mochila y se marchó. Último día de clase antes de convertirse en una estudiante de bachillerato.
Con el ánimo gris, cerró la puerta del aula y se sentó en su silla.

Después se fue sin decir adiós.

GAME OVER


Ayer la vi, tenía el gesto serio y el semblante afligido. Había dejado guardado su cuaderno de dibujo y abiertos los rotuladores para que se le gastaran.

Ayer la vi. La vi salir de casa con los cabellos oscuros recogidos en una trenza y una máscara nueva recién colocada, para que no se notara que había estado llorando.



TeQuieroPrincesa(L)

1 comentario:

Gracias por bucear en mis sueños.

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