lunes, marzo 29, 2010

Querido diario

Querido diario. Hoy me ha pasado algo espeluznante, y te lo cuento a ti, porque formas parte de mi. Porque a nadie más le interesa excepto a mi.
Siento ser repetitiva, pero es que estoy de los nervios.
Sentí un cosquilleo por el estómago que me hizo echarme a temblar.
No hace poco me sentí de forma parecida, sólo que con una siniestra duda aferrándome el corazón.
Creo que lo encontré. Al corazón, me refiero. Había estado perdido desde hacía tiempo, y no lo había echado de menos hasta hoy. Y sigo sin saber por qué. Pero ya no me interesa.

La magia. Volví a pensar en ella. Y casi la sostuve sobre mis bracitos. Y casi pude sentir cómo su alegre aroma me mordía la piel y me traspasaba las pupilas, dándoles color.
Y me volvían a doler los pinchazos. Así que paré. Autolesiones a la mierda. Hacía mucho que dejaron de servirme para lograr tranquilidad. Ahora sólo forman dibujos sin sentido sobre mi piel blanca.
Dibujos que aunque ya apenas se vean, yo sé que están ahí.

Bueno, a lo que iba. Hoy quise sentirme bien. Y lloré y lloré hasta que las lágrimas se volvieron negras por culpa del rímel. Y me he quedado sentada enfrente de una pared blanca. Y me he puesto a pintar. He pintado paisajes otras veces, pero este es diferente: no existe en ningún lugar que el resto de gente pueda percibir. Sólo yo sé donde está. Sólo yo y alguien que hizo que me despertase sin querer.

Y este es mi pequeño homenaje. Homenaje porque no sé decir nada si no uso mis manos. Porque no encuentro ninguna utilidad a mi existencia y escribir aún consigue llenarme algo. Pese a que los dedos terminan hinchándose-me. No me importa, ¿sabes? Yo ya no pretendo que las personas me entiendan. No me importa. Es improvable que venga alguien y me solucione la vida. Por eso tengo que intentarlo. Aunque me rinda mil y una veces. Y me retuerza de dolor cada vez que me dicen... ya sabes, esas cosas que consiguen hacerme daño aunque lo niegue. No son sus palabras las que consiguen herirme, sino quién las dice y el entender que tiene sentido que lo hagan. Decirlas, me refiero.

Como iba diciendo antes de irme por las ramas, (como siempre suelo hacer), hay alguien que despertó en mi a la niña que antes conocías y viste crecer de forma precipitada.
No recuerdo cómo se llamaba. Ni por qué siempre anda en las nubes sumida en tristeza su corazón.
Melancólica y perdida se había quedado atrapada entre mis barcos de papel hechos de dudas pintadas al óleo con colores oscuros.
Y no diré su nombre por miedo a que me oiga y se voltee. Tengo miedo, mucho miedo.
A suspirar y que sólo sea un sueño. A expirar y que se esfume con todas esas cosas que me ha dado. No sé sin pedir nada a cambio, pues a veces es difícil entenderle, pero quiero creer que es así. Que es sincero. Que puedo prestarle mi corazón confiando en que lo romperá sin tirarlo al suelo bruscamente.
¿Que por qué? Porque a mi no me sirve.
Ya sabes que no lo quiero tener cerca. Por el simple hecho de ser mío. Todo lo mío es rechazado por mi mente. Porque prefiero dejarme morir por ella. La muerte así es más lenta aunque en ocasiones duela más.
Por eso le doy mi corazón. Tal vez él sí le encuentre alguna utilidad.

....



Sí, no hace falta que hables puesto que yo tengo que decir muchas cosas.
El problema, principal que se presenta ahora, es que me temo que mi torpeza ya lo consiguió. Sí, ya sabes, echarlo. O algo así. O eso creo. O eso presiento. O eso quiere hacerme creer.
No le culpo. No le haré saber nunca que de hierro no soy.
Lo siento, lo siento, lo siento. Haberte herido. Ser pesada. Que te preocupes. Meterme en tu cabeza. No soltarte. Pedirte abrazos. Deberte tanto. Poderte dar poco. Ser sólo lo que soy. Odiarme. Tenerme asco. Mirarme en el espejo y saber que no te merezco. Intentar dibujarte. Soñar contigo. Imaginarme a tu lado. Hacerte preguntas. Pedirte que las respondas.
Ser yo quien te lo entregue...

El cosquilleo comienza a ser molesto ya. El revolotear de las mariposas es un agudo zumbido en mis oídos.
Hace mucho que dejó de ser un mal presentimiento.
Yo...

La encontrarás. La suerte la tienes.
Los amaneceres brillarán más.
No habrá nubes.
Estrellas en tus manos a montones.
Poesías más bonitas que no hablen de temores.
Besos y abrazos ciertos, que puedas colorear.
Sabores nuevos que descubrir.
Sentimientos nuevos que encontrar.
Menos palabras que el viento arrastre.
Y palabras nuevas que arrastrar...


Te quiero.


Me temo que sin quererlo, al final me despedí-ste.

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