martes, abril 06, 2010

A, ante, bajo... la cama.


Cabe un universo. Así, lleno de estrellas, asteroides y planetas más brillantes que cualquiera de las que los demás ven. También más cercanas.
Su luz ciega... me ciega, cuando me levanto adormilada.

Con una llamarada de silencio me dedico a quedarme estancada en la madrugada de un día cualquiera. Enredándome con las nubes que nublan una visión que podría ser perfecta. Y lo habría sido, de hecho.

Una nueva palabra y casi me caigo de la silla, como si me hubiesen dado la velocidad necesaria para escapar de la órbita de la Tierra e irme lejos. Muy lejos.
Porque en algún momento todo el mundo ha soñado con escapar de aqui, del suelo que todos pisan paseando máscaras con orgullo. Mentiras y gordas. Y flacas. Y de muchos colores distintos.
La atmósfera es   pesada.
Exhiben cosas que sólo incrementan mis ganas de reír, sarcásticamente, claro.

Querer no es poder, o al menos, no siempre.
Ante mi pueden dibujarse y desdibujarse al mismo tiempo demasiadas cosas a la vez. Que tal vez no tengan sentido para nadie excepto para mi, y viceversa.
Estoy cansada. Cansada de muchas cosas y de ninguna en concreto. Tan etéreo es decir que sientes algo como decir que no sientes nada.
Siento como si el tiempo fluyese incansablemente por mi cerebro, que carece del oxígeno necesario.
Se me escapan las horas sin remedio aparente en mis manos, y me frustra que no dependa de mi.


A veces digo que no. A veces asiento sin más.
A veces me dedico a pintar el aire que se me cuela entre las ganas y la indecisión.
Y a veces, caigo y caigo durante un tiempo indefinido.
Vivo atrapada en un bucle sin final ni retorno posible. Me arrastra y noquea.
Y ante mi vuelve a aparecer, el sentido que le restaba a mi persona para desaparecer por completo.

Completamente raídos, los sueños, se espesan y derriten y esfuman ante mis atónitos ojos.
Negros, días se avecinan.

Así, mientras el alba despunta tras mis cortinas y siento el leve y tierno calor que a un nuevo amanecer acompaña, sueño que se trata de un sueño del que nunca hubiese despertado.
Y, tras miradas equidistantes unas a otras, las marionetas comenzarán a moverse, arrastrando sus harapos por mi habitación vacía.
Los versos temblarían por mis labios capaces de caer como antes hacían.
Y no todo se lo llevaría el viento, mis sentimientos perdurarían uno a uno, pese al parcial recelo que guarda mi corazón, reacio a sentir una emoción distinta de la soledad.

Y podría haber seguido sentada en aquella estrella perdida dentro de mi botella de agua, regateándole minutos al reloj... pero no lo hice. Y ahora me pregunto qué hubiera pasado.
Si tarde o temprano su luz se hubiese apagado también.

Y lo siento. Mi condición de animal racional me impide no tener complejos. Sé apreciar la belleza, pero no en mi misma, (la sociedad sí influye en la concepción propia de uno mismo, aunque en el mal sentido.)
El ostracismo se huele en la ciudad. Pero yo elijo estar sola. Al menos ahora.

Definiría el mundo como egoísta y me quedaría corta. Yo también quiero ser egoísta cuando me abrazas, pero no me sale.

(...)

Y alguien los trajo hasta aquí. Silencios innusitados, nunca antes sentidos, nunca antes dibujados.
O al menos, por mi. Y en sus trazos débiles distingo la verdad, la única verdad que me conmueve y me hace pensar.
La única verdad que me sirve ahora mismo.

Tengo quemados los labios de tanto imaginarte, y cada vez me siento más estúpida por hacerlo.
No me queda más remedio que permanecer contando eternidades hasta que el tiempo vuelva a detenerse entre nosotros.


Fluimos y nos mezclamos. Somos hojas de un árbol caduco. Gotas de agua en una nube.
El secreto de la vida está en saber vivirla.


Yo no sé.


Por eso, antes de que el día se despierte, me quedo bajo la cama, sumida en irrealidades y perdiendome entre los misterios de tu persona. Siempre distante y lejana. Siempre abrazada a mi..



Universo.

Uno entero, se esconde tras tu mirada.

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Gracias por bucear en mis sueños.

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