domingo, abril 04, 2010

Fotografías

Rotas en pedazos desiguales, esparcidas por encima de mi colchón.

Hilos deshechos de mis recuerdos perdidos para siempre. Tiro los trozos por la ventana, incumpliendo una nueva norma. Cambiar.

Hoy me deshice de años y años guardados en mi cartera morada. Fotos de épocas tristes y épocas de altibajos. Épocas que fueron y que ya no son, por suerte o por desgracia… Todo es distinto. Yo incluida en ese todo. Seguí girando pese a haberlo estado haciendo en otra frecuencia. Tan baja que apenas dos o tres personas consiguieron escucharla. Qué más da, sin embargo, ahora.

El aire que se cuela por la puerta abierta ni es frío ni es cálido. Me duelen los brazos y las piernas. Anoche volví a salir corriendo. Y pasa a factura. Al día siguiente. Sin luces por la mañana y pocas estrellas en mis noches… en vela.

Desvelada, avancé poco a poco en la hendidura abierta en la pared, hasta llegar a este estado de ánimo desigual. Se mire por donde se mire.

Y sigo sin poder entenderlo. Las emociones van decayendo lenta pero inexorablemente. Irreparable la marca que van dejando al pasar. Y me quedo quieta, expirando melancolía y sorbiendo silencio.

Instantáneamente, juego con las prisas y las engarzo con la monotonía.... Al segundo siguiente, no puedo escapar de la red que voy tejiendo. Con hilos grandes, largos y gruesos.

Puedo notar el empequeñecer de mis ganas de seguir corriendo. Me tambaleo y he de volver a sentarme. Tengo vértigo.

Frías, al tacto mis manos, se deslizan por el cristal empeñado de la ventana. Ya no llueve. Escribo palabras sueltas sin unión coherente. Palabras que se secaran y nunca más volverán a ser vistas por nadie.

Tardé mucho en darme cuenta de que se me agotó el polvo de hadas y no podría volver a volar sin él. Pero eso no impide a mi imaginación seguir ascendiendo sin prestar atención a lo que acontece debajo… Los dos sabemos que caerá y se golpeará con lo primero que encuentre. Con un poco de suerte, caerá sobre ti, y te podré dar parte del azúcar que me queda.

No resisten los pilares que me sujetan por los pies. Hace mucho que la gravedad dejó de funcionar en mi caso. Mas vivir en las nubes tampoco es que sea un sueño demasiado agradable cuando careces de paracaídas.
Algunas nubes contienen alegrías, otras sueños, pesadillas, gritos y primaveras sin flores.
Hay nubes blancas y negras, nubes grandes y nubes pequeñasnubes que pueden sujetarte y otras en las que sólo puedes permitirte pensar.

Mil y una noches pasaría aguardando el regreso de la locura.
Hoy volví hasta el filo de la espada, en el otro extremo de la mesa.

Hoy rompí una a una todas mis fotografías. Pude observar cómo fui y cómo soy, y comparar las luces y sombras que siempre me acompañan. Pude escapar de esa imagen de mi misma que me persigue desde entonces y quedarme a solas con lo que me ha convertido todo este tiempo de sinsabores e incongruencias.
Hilos que se estiran tanto que no llego a ver a quién o a lo tira del otro extremo.
Hilos que se entremezclan y forman una gran tela de araña, desde la que penden, fugaces, los destellos de mis sueños.

Pequeños sueños enredados con la realidad. Heladas fantasías perdidas por mi mente. Inexplorados. Abandonados a su suerte.
 
Y después de mucho buscar, encontré mi corazón escondido en un rincón oscuro dentro de mi misma. Cerré la puerta y me alejé a toda prisa. Dejándolo a solas con los hilos que poco a poco se le habían ido enredando.
 
Suspiro viendo cómo las horas van extinguiéndose mientras el Sol cabalga por el cielo, que se oscurece. En mis pupilas se clavan. Efímeras sensaciones pintadas de olores desgastados, raídas vestimentas traen las palabras usadas.
 
Se mece,


tu pelo,

en mis ojos.

Puedo verte,

sentirte

tocarte

si los cierro.
Delirios sin grandeza. La grandeza sujeta a interpretaciones varias. Poseo mi propia forma de ver todo, sobre todo si no te quedas-pegado-a-tu-silencio. Bajo el volumen de las quejas sobre mi almohada, sentados frente a las estrellas
 
Caricias

Gastadas.

Peldaños

Destrozados
 
No pueden acceder aquí. Estoy sola en estas noches de vigilia.
Hilos me atrapan y sueltan en lugares extraños, repletos de dibujos abstractos.

Hay un lugar del que nunca hablé, pese a que me haga tanto daño…
Tengo un castillo de naipes a punto de derrumbarse. Pocas fuerzas para levantarme cuando me ahogan las lágrimas.
Atrapé un motivo con la cabeza gacha, y se me escapó cuando abrí las manos para mirarlo… Atentamente. Presiento un nuevo criterio que siempre acaba dándose la vuelta. Y me queda un moratón que duele cada vez que aprieto, sin querer-queriendo, mintiéndome a mi misma, puede que me convenza de que estoy bien de verdad. Aunque la credibilidad haya dejado de ser mi fuerte. Me abrazo a los hilos de mis costuras descosidas.

Se suceden de forma intermitente en mi cabeza, intentando no hacer ruido y remover las piezas de este extraño puzzle que no sé cómo empezar, fotografías hechas añicos, tempestuosas verdades latiendo detrás de las luces de las farolas de esta calle casi desierta.

Serpentean los momentos que me regalas. Cada vez soy más consciente de cuántas cosas he de agradecerte. Cada vez soy más consciente de que nada es lo que parece.


Tejidas una a una tus palabras se me atragantan. Ojala no fuesen sólo aire y su significado de mi no dependiera.

Ojala fuese tan sencillo como dejar fluir el tiempo sumida en un abrazo silencioso.

















Fotografías nuevas y nuevas sonrisas de papel que recordar.

Tal vez dentro de unos años, vuelva a romperlas.

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Gracias por bucear en mis sueños.

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