viernes, abril 16, 2010

Huele


Huele a café barato recién hecho. A motel de carretera. A un armario recién abierto después de varios años relleno de la naftalina desprendida de mis recuerdos.

Respiro besos que ni saben ni les importa a quién van dirigidos. Besos anónimos, remitentes desconocidos. Van a todas las direcciones.

Bebo de las lágrimas de un cielo surcado de nubes de dudas y preguntas equidistantes a mis ojos. Cerrados. Bares de esquina en callejuelas de resentimiento.

Nada cruza con un rumbo marcado este extraño mar. Las aceras llenas de pasos que aún no he dado.
La indolente soledad intenta apresar las pocas emociones que sobrevivieron al naufragio de ilusiones y temores encadenados. Mi corazón, convencido del choque inminente, hizo las maletas y se marchó. Llevose consigo, entre tantas otras cosas, el poco sentido que las noches parecían cobrar bajo una Luna que, pese a iluminar tan sólo tenuemente el camino que no tenía que haber seguido, servía de compañía cuando el silencio se ponía las botas a base de pegar gritos. En su eco tañían campanas de coartadas que no podían comprobarse.

Y, con un marcado acento de soñadora, estudié cuidadosamente la situación alrededor de un millón de veces antes de probar la siniestra mezcla de noches en vela y una brecha que me atravesaba de adentro afuera. Consternada, decidí caer en la cuenta de que no había nada más sencillo... nada más fácil... que creer que nada en sí tiene sentido y que, buscárselo, tiene mucho menos.
Que había pasado los últimos llantos de mi vida en vano.

Y ahora huele a un perfume superfluo de remordimientos. Hacer el idiota no provoca esta sensación curiosa dentro de nadie. Una superposición de sentimientos de formas difusas y nubes descoloridas danzando a mi alrededor.

Los labios y la miel que en ellos había acabó por secárseme.
Y ahora ya perdí el olfato; olvidado lo dejé colgando bocabajo del balcón de esas estrellas oscurecidas que dices son mis ojos.

Alegué en mi declaración que nada de esto lograría descongelar la gruesa capa de hielo que tanto frío me regalaba.
Esa chica que me mantenía escondida de tu vista, clavada se quedó al reloj de arena construído a base del polvo que sueltan los sueños rotos, precipitando sobre mi cabeza.

Al menos, devuélveme la locura, antes que, desquiciada, regrese a tu habitación y te arranque mis fallos de la almohada a base de besos desesperados.

Invisibles y frágiles gotas de azúcar dejar caer sobre tu rostro dormido, dibujándote un sueño de color verde. El verde, dicen, de la esperanza. Aunque siga sin saber qué esperas. Qué espero. Qué pretendo esperándote siempre aquí dentro, sin que me importe lo que golpee por fuera. Dejar que me veas caer. Subir y bajar por tu sonrisa. Perderme por culpa de este impulso indefectible.

Vayámonos... vayámonos lejos montados en una estrella que no necesite combustible. Lleguemos allá donde el mundo tampoco tiene sentido y la lógica deja de ser importante. Dejemos a un lado todo aquello que nos ata a decir nunca. Aquello que abre muros donde ni escombros quedaban. Aquello que impide que tu universo sea del color que quieras pintarlo.

Déjame, déjame acariciarte con un suave murmullo. Déjame ser el susurro de tus labios. Déjame sentirte cerca. Déjame crearte en mis pupilas cada vez que despierte.
Y, luego... luego deja que me caiga a la realidad.
 
Donde... huele a humedad.
Huele a nostalgia.
Huele a sonrisas perdidas.
Huele a ingenio.
Huele a resignación.
Huele a un amanecer de verano.
Huele al calor del Sol sobre la piel de la espalda.
Huele a olas de mar.
Huele a una fresca y blanca mañana de invierno.
Huele a menta.
Huele a palabras borradas.
Huele... huele a ti.

4 comentarios:

  1. Huele a nostalgia, a sentimientos nacientes del alma clara, a sensaciones que aquebrantan las lágrimas, huele a silencio... huele frágil, dulce, tierno como tu alma...

    Mi querida... que bello...

    Besitos

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  2. He ojeado tuS blogs y aún lo estoy asimilando...

    He ojeado tu perfil... los libros, los intereses y la música...

    Gracias por parpadear esta noche en el cielo...

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  3. Estoy alucinando aún. Esta frase me ha llegado muy adentro: "Y, con un marcado acento de soñadora, estudié cuidadosamente la situación alrededor de un millón de veces antes de probar la siniestra mezcla de noches en vela y una brecha que me atravesaba de adentro afuera".
    Joder, eres un auténtico descubrimiento!
    Besazos azules de tu (indiscutiblemente) nueva seguidora
    Lena

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  4. Me encanta recordar el olor de las cosas y de las personas. Hay tantos recuerdos ligados a una fragancia... Incluso a veces huelo en un lugar que puede suceder algo especial. Instinto animal supongo XD.
    Me encanta como escribes.
    ¡Un abrazo!

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Gracias por bucear en mis sueños.

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