viernes, abril 02, 2010

Si, Sobre y Tras

Acobardada, guardé silencio. Era demasiado grande incluso el cómo me hiciste sentir.

Inmensamente enorme... Enormemente mayor que yo. Que lo que yo soy, me guste o no me guste.

La noche, solitaria, campaba a su gusto por la habitación tiñéndola de sombras alargadas, sólo las nuestras. Sin pensar, hablar o predecir. Diciendo, tus ojos, brillantes, lo que tus labios nunca aciertan a pronunciar.

Si sólo hubiese aguantado un par de segundos más observándote, habría acabado perdida entre tus besos con olor a sandía y sabor a chocolate...
¡Y eso que no me gusta!


Pese a todo. A las luces que empezaban a asomar tímidamente tras las cortinas y a los ruidos impertinentes provinentes de la calle... no logré escuchar el despertador...
4:02

¿Demasiado tarde o demasiado temprano?
Tarde para regresar al sueño en que había permanecido sumida las dos últimas horas.
120 minutos felices...
7200 segundos de sonrisas incandescentes, alejados de todo cuanto ocurriese fuera de nuestro pequeño mundo.

Demasiado temprano para pedir a mi concentración que se clavase en las fórmulas numéricas y problemas descabezados de mi libro de matemáticas.
La luz de la lamparita no acertaba a cumplir su función primordial en aquel momento: mantenerme despierta.

Sobrevolando tus sueños inacabados, visualicé tu rostro absorto entre la centelleante luz de alguna estrella.
La razón, perdida, no pudo avisarme de que el vaso de agua hacía equilibrismo al borde de la mesa.


Estalló en mil pedacitos al chocar contra el suelo. Temiendo haber despertado a alguien con tal estruendo, me agaché a coger los trozos.

Tras la silla te ocultabas.
- Ten cuidado o te cortarás.
Chico precavido, traías la escoba y me ayudaste a recogerlo
De nuevo era de noche. Porque en la noche no hace falta ocultar nada.
La brisa de las 00:03 de un día cualquiera de julio empezaba a colarse por la puerta.
Abiertas, tus manos, me atraparon.
Entonces entendí que las nuestras nunca serían noches cualquiera.
Cerrados, mis ojos sonrieron.

Y dimos un paseo de nube en nube, con el alba pisándonos los talones.

Si no hubieses estado sobre aquella nube detrás de mi, habría caído bruscamente sobre la cama y golpeado con la realidad.


Tenía los brazos bajo el libro y la cara pegada a la tarea 5...
Dos tareas más y volvería a dibujarte...
Pero fue más rápida la alarma del móvil al taladrarme los oídos.

Espejito, espejito.
Buenos días princesa...

Mi reino invisible, volvía a ser privado. Con un príncipe de labios con sabor a helado.

Versos en el aire de este amanecer me despertaron. Con ganas de fundirme en un abrazo de esos que me das cuando acordamos no soltarnos o digo yo que no voy a hacerlo.
Pasando días en negro y noches coloridas, las tardes se tornan grises o blancas en el mejor de los casos, sea como fuere, soñé contigo, y creo que no lo he olvidado.


Trazos de líneas finas se deshilan en mil y un amaneceres con olores diferentes y distintos para cada cual. La voz melodiosa de los días que nacen a veces logra perderse con los gritos insistentes de acordes encadenados a mi vida. En este instante.

Cambiará, como tú quieres que sea y como yo quiero que resulte. Siendo lo que somos y sin nada que logre contradecir esos impulsos fugaces que me invitan a perderme entre tus ojos.

                                            Estrellas intermitentes.

Me cobijan de la mano fría del silencio.

1 comentario:

Gracias por bucear en mis sueños.

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