miércoles, mayo 12, 2010

Sabores

Hoy me apetece darte un beso de vainilla, que ya tengo muy visto el chocolate.
Aunque sé que a ti te gusta el ácido del limón con la chispa dulce de una cereza.
Bien roja, como los labios de los besos que me escribiste en una tarde llena de helados de sabor a fresa.
Y aunque no fueran rosa las aceras, el tiempo parecía estar a nuestro favor y pasear más tranquilo, sin llegar a alcanzarnos.
Volábamos tan alto que casi podíamos tocar las nubes de algodón de azúcar de nuestros recuerdos, de esas de las que precipita la nostalgia y nos ahoga, sin saber darnos cuenta del fallo que cometemos al subir hasta tan arriba.
Y casi escapamos de la atmósfera que no nos protege de las palabras afiladas, de los descontentos ni de las heridas.

Y casi pude creer que no estaba flotando dentro de un sueño desprendido de mi loca - mente, que se pierde entre fosas de alquitrán, confundiéndolas con oro desteñido... y al oro lo convierte en una moneda falsa,  conseguida en algún trueque con conquistadores de falsas emociones.

Sólo casi, porque pronto desperté con el alba pisándome los talones y la persiana bajada hasta la mitad.

1 comentario:

  1. ¡Ójala todos los dulces fueran tan sanos como la felicidad que da un amor correspondido! Entonces me pasaría la vida comiendo galletas de chocolate negro y naranja :D
    Un beso tutifruti :3

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Gracias por bucear en mis sueños.

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