miércoles, abril 20, 2011

Éramos nosotros, de paso

Cabalgábamos. En las nubes. Por las nubes. Íbamos de paso...
Y de paso, nos dejábamos enredar las miradas con los destellos que se le caían a la luna. Que se le caían por nosotros. Para nosotros. Para que fuésemos nosotros. Solos. Los dos solos. Los únicos nosotros que importan. Los que saben ser tú y yo solamente cuando estamos juntos. Los que por separado son simplemente dos extraños que se rozan y que nunca llegan a tocarse.

Que se tienen miedo.

De paso el tiempo pasaba sin dejarse notar. La luz del Sol caía en picado. Nos pisaba los talones. Corría. Volaba. Se nos escapaba.


Se nos escapaba,
se nos agotaba,
el tiempo que nos habíamos concedido para ser nosotros mismos;
para que nada más que eso nos importase.


Se nos iba.


Se habría ido, quizá, mucho más despacio, si yo no hubiera sido tan tozuda
y tú no hubieses sido tan insistente.

La insistencia alimenta la tozudez, la incita a hacerse más fuerte.
Y la tozudez acaba rindiendo la insistencia.


Y ya no nos daríamos más tiempo para que ser nosotros fuese una posibilidad. Ya no nos concederíamos la posibilidad de estar, de ser dos, en esa nube. En esa nube en la que tú eras para mi y yo era tan tuya como mía.

En una de esas uniones que ni el amanecer rompe ni el tiempo destruye.
Congelados nos habríamos quedado...



Si te hiciera más caso
y durmiese las horas necesarias.

1 comentario:

Gracias por bucear en mis sueños.

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